martes, 10 de febrero de 2009
martes, 6 de enero de 2009
sábado, 3 de noviembre de 2007
El árbol del futbol
Todo árbol nace de una semilla, y todo proyecto crece con ambición y tesón.
Sin embargo, en Yucatán, el futbol profesional tiene un retroceso que hace pensar que el proceso evolutivo del deporte es cíclico, en lugar de ser “arriba y adelante”.
Hace apenas unos años, el Estado contaba con tres equipos de Tercera División, uno de Segunda y uno más de Primera “A”. La tierra del faisán y el venado tuvo, en diferentes épocas, a los Zapateros de Ticul, Tiburones de Progreso, Mayas de Mérida, en Tercera, a los mismos Mayas en Segunda y a los Venados en la división de plata.
Sin embargo, el paso del tiempo dejó en algún momento a la entidad con una sola oncena: los Itzaes de Tercera.
Afortunadamente, son tiempos de cambio. Ahora tenemos, de nuevo, dos escudras en Segunda (Itzaes y Venados) con sus respectivas filiales en Tercera y Cuarta División profesional.
Lo maravilloso del asunto es el legado que están dejando: canchas espectaculares, como las que construye la organización astada en las afueras de la capital, jóvenes bien entrenados, seleccionados nacionales infantiles.
Futbolistas en el Máximo Circuito del balompié de México hemos tenido pocos: Carlos Iturralde, Miguel Salcedo, Jimmy Cáceres, William Paredes, pero con esta semilla que han plantado los dos clubes mencionados hay mucho material para “exportar” a Primera y, por qué no, pensar en que Yucatán por fin tenga un equipo de Máximo Circuito.
Por otro lado, las niñas también están recibiendo el apoyo que merecen.
Hace unos días, estuvo en la capital del Estado el flamante seleccionador nacional, Leonardo Cuéllar, para presentar un proyecto ambicioso: una liga donde participan las oncenas de los estados del sureste, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán.
Además, realizó visorías satisfactorias, pues encontró algunas muchachas con facultades para estar en el “Tri” femenil, entre ellas destaca Ana Laura Fleites, que es una niña que llevaba muchos años rompiendo la liga en la que jugaba con los varones, hasta que se creó la Liga Femenil de Primera Fuerza, que preside atinadamente el señor Luis Duarte, y por fin pudo competir con su mismo sexo.
Ahora, “El León de la Metro”, como se le conocía en sus épocas de jugador a Leo Cuéllar, la quiere en la Selección. ¡Imagínense una delantera yucateca en el equipo nacional: Lupita Worbis y Ana Laura!
Este mismo torneo, que abarca a las mejores organizaciones del balompié de damas, va por su tercer año, y a decir de su presidente, la gobernadora, Ivonne Ortega, les está dando el apoyo que faltaba en años anteriores (quizá por ser mujer), y ahora suscribirán un convenio con las principales ligas infantiles para que los equipos que forman este circuito puedan mandar a sus jovencitas a foguearse en estas ligas de menor exigencia.
La semilla está plantada, ahora toca a los “frutos” madurar, seguir por el buen camino y que lleguen a donde ningún futbolista yucateco ha llegado: a las ligas europeas.
Y comeremos todos de esos frutos, pues a los que nos gusta el futbol veremos con orgullo cada fin de semana a nuestras joyas en el campo de Tamanché o en el Carlos Iturralde, y gozaremos con la liguilla, a la que por cierto, los aborígenes de Tercera ya calificaron.
Esperemos que hagan un buen papel como el torneo pasado, donde llegaron a la final. Aunque, sinceramente, ya me merezco un campeonato.
Sin embargo, en Yucatán, el futbol profesional tiene un retroceso que hace pensar que el proceso evolutivo del deporte es cíclico, en lugar de ser “arriba y adelante”.
Hace apenas unos años, el Estado contaba con tres equipos de Tercera División, uno de Segunda y uno más de Primera “A”. La tierra del faisán y el venado tuvo, en diferentes épocas, a los Zapateros de Ticul, Tiburones de Progreso, Mayas de Mérida, en Tercera, a los mismos Mayas en Segunda y a los Venados en la división de plata.
Sin embargo, el paso del tiempo dejó en algún momento a la entidad con una sola oncena: los Itzaes de Tercera.
Afortunadamente, son tiempos de cambio. Ahora tenemos, de nuevo, dos escudras en Segunda (Itzaes y Venados) con sus respectivas filiales en Tercera y Cuarta División profesional.
Lo maravilloso del asunto es el legado que están dejando: canchas espectaculares, como las que construye la organización astada en las afueras de la capital, jóvenes bien entrenados, seleccionados nacionales infantiles.
Futbolistas en el Máximo Circuito del balompié de México hemos tenido pocos: Carlos Iturralde, Miguel Salcedo, Jimmy Cáceres, William Paredes, pero con esta semilla que han plantado los dos clubes mencionados hay mucho material para “exportar” a Primera y, por qué no, pensar en que Yucatán por fin tenga un equipo de Máximo Circuito.
Por otro lado, las niñas también están recibiendo el apoyo que merecen.
Hace unos días, estuvo en la capital del Estado el flamante seleccionador nacional, Leonardo Cuéllar, para presentar un proyecto ambicioso: una liga donde participan las oncenas de los estados del sureste, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán.
Además, realizó visorías satisfactorias, pues encontró algunas muchachas con facultades para estar en el “Tri” femenil, entre ellas destaca Ana Laura Fleites, que es una niña que llevaba muchos años rompiendo la liga en la que jugaba con los varones, hasta que se creó la Liga Femenil de Primera Fuerza, que preside atinadamente el señor Luis Duarte, y por fin pudo competir con su mismo sexo.
Ahora, “El León de la Metro”, como se le conocía en sus épocas de jugador a Leo Cuéllar, la quiere en la Selección. ¡Imagínense una delantera yucateca en el equipo nacional: Lupita Worbis y Ana Laura!
Este mismo torneo, que abarca a las mejores organizaciones del balompié de damas, va por su tercer año, y a decir de su presidente, la gobernadora, Ivonne Ortega, les está dando el apoyo que faltaba en años anteriores (quizá por ser mujer), y ahora suscribirán un convenio con las principales ligas infantiles para que los equipos que forman este circuito puedan mandar a sus jovencitas a foguearse en estas ligas de menor exigencia.
La semilla está plantada, ahora toca a los “frutos” madurar, seguir por el buen camino y que lleguen a donde ningún futbolista yucateco ha llegado: a las ligas europeas.
Y comeremos todos de esos frutos, pues a los que nos gusta el futbol veremos con orgullo cada fin de semana a nuestras joyas en el campo de Tamanché o en el Carlos Iturralde, y gozaremos con la liguilla, a la que por cierto, los aborígenes de Tercera ya calificaron.
Esperemos que hagan un buen papel como el torneo pasado, donde llegaron a la final. Aunque, sinceramente, ya me merezco un campeonato.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Con un hueco en mi cartera
Ayer cambié mi cartera. Sí, la que tenía antes está agujereada, se le salen las monedas y los billetes no entran (bueno, eso no me preocupa porque no tengo muchos).
Al ver mi cartera llena de boquetes me quedé pensando en los huecos y los cambios que han ocurrido en los últimos años de mi vida y de la vida de los deportes que me gustan, y me di cuenta de una ley inequívoca de la vida: todo cambio es malo.
Sí, el cambio de Papa, el de trabajo, de escuela, de amigos, de equipo de futbol. Todos representaron pérdidas y desgracias en algún momento.
Y me vienen a la mente los casos del “Bofo” de Guadalajara a Chiapas, Cuauhtémoc de América al Fuego de Chicago, Roger Clemens de Houston a Nueva York. En fin, personas van, personas vienen, y cuando cambias algo desajustas la maquinaria perfecta que es tu existencia.
Imagínate que mañana despiertas y no está Derek Jetter con los “Mulos de Manhattan”.
Sin cambios, la estática no existiría. No podríamos decir que existe “amor a la camiseta”, porque sería obligatorio que jugáramos todo el tiempo con la misma escuadra, o que trabajáramos en lo mismo siempre, o peor aún, que estuviéramos con la misma mujer por el resto de nuestros días.
Y los huecos, de esos ni hablemos. Recientemente tuve una pérdida muy grande que no se debió a mi cartera rota, sino a que la confianza se quebró, en palabras de la mujer aludida.
El agujero que dejó me hizo sentir como cuando Ramón Ramírez abandonó al Santos para jugar con las chivas saltonas, o como cuando Figo se fue del Barcelona al Real Madrid por unos cuantos millones de euros. Yo me pregunto ¿qué son 700 millones de pesos cuando tienes a toda una ciudad pidiéndote que te quedes?
Desafortunadamente a mi no me pidió nadie que me quedara (ni siquiera la amiga en cuestión), pero el hueco, de mi corazón, no de mi cartera, ese sí permaneció.
Al ver mi cartera llena de boquetes me quedé pensando en los huecos y los cambios que han ocurrido en los últimos años de mi vida y de la vida de los deportes que me gustan, y me di cuenta de una ley inequívoca de la vida: todo cambio es malo.
Sí, el cambio de Papa, el de trabajo, de escuela, de amigos, de equipo de futbol. Todos representaron pérdidas y desgracias en algún momento.
Y me vienen a la mente los casos del “Bofo” de Guadalajara a Chiapas, Cuauhtémoc de América al Fuego de Chicago, Roger Clemens de Houston a Nueva York. En fin, personas van, personas vienen, y cuando cambias algo desajustas la maquinaria perfecta que es tu existencia.
Imagínate que mañana despiertas y no está Derek Jetter con los “Mulos de Manhattan”.
Sin cambios, la estática no existiría. No podríamos decir que existe “amor a la camiseta”, porque sería obligatorio que jugáramos todo el tiempo con la misma escuadra, o que trabajáramos en lo mismo siempre, o peor aún, que estuviéramos con la misma mujer por el resto de nuestros días.
Y los huecos, de esos ni hablemos. Recientemente tuve una pérdida muy grande que no se debió a mi cartera rota, sino a que la confianza se quebró, en palabras de la mujer aludida.
El agujero que dejó me hizo sentir como cuando Ramón Ramírez abandonó al Santos para jugar con las chivas saltonas, o como cuando Figo se fue del Barcelona al Real Madrid por unos cuantos millones de euros. Yo me pregunto ¿qué son 700 millones de pesos cuando tienes a toda una ciudad pidiéndote que te quedes?
Desafortunadamente a mi no me pidió nadie que me quedara (ni siquiera la amiga en cuestión), pero el hueco, de mi corazón, no de mi cartera, ese sí permaneció.
domingo, 9 de septiembre de 2007
Dolor en los pasillos del O'Horán
El dolor se siente en el aire. Quejas constantes y gritos desgarradores de la multitud amontonada en los pasillos.
Preocupaciones que caminan de un lado a otro, voces de alerta y olor a medicina, pero, sobre todo, a sufrimiento. Esto es lo que se encuentra en la sala de urgencias del Hospital O'Horán.
No importan los rasgos o las creencias para las afecciones que en el nosocomio se presentan. Los médicos se enfrentan con más de 70 casos de personas a cualquier hora del día.
Se puede encontrar desde una joven de apenas 25 años que intentó quitarse la vida, y a quien salvaron lavándole el estomago, hasta el muchacho travieso que se fracturó la pierna jugando la "cascarita" de futbol.
Los galenos se dirigen con paso firme a sus rondas de inspección, deseando tomar las decisiones correctas en aras de salvar más vidas, pues mientras más rápido actúen, mejor. De las medidas que tomen y la velocidad de sus fallos dependen trabajos, vidas, familias.
28 camas para más de 60 personas no son suficientes,y es por eso que todos esperan las palabras "mágicas": "Estás dado de alta".
Afuera, los esperan familiares luchan con sus propias dolencias, pues aguardan ansiosos noticias de sus pacientes, soportando sirenas ensordecedoras e incomodidades extremas, durmiendo en las banquetas con cartones como camas y periódicos como sábanas. Ellos pasan los minutos de angustia, que no son pocos, como si fueran verdaderas horas, entre rezos y lamentos, entre el frío y los latidos acelerados ante la preocupación de enfrentar una tragedia.
Y las dolencias se agravan en lo que el mundo médico clasifica como urgencias, auténticas pesadumbres tan espontáneas como lamentables, que hacen de la sala de emergencias un lugar donde convergen diferentes estilos y formas de vivir, variadas aficiones, desiguales conviciiones y diversas afecciones, pero en este lugar se encuentran hermandadas por un común denominador: el dolor.
Preocupaciones que caminan de un lado a otro, voces de alerta y olor a medicina, pero, sobre todo, a sufrimiento. Esto es lo que se encuentra en la sala de urgencias del Hospital O'Horán.
No importan los rasgos o las creencias para las afecciones que en el nosocomio se presentan. Los médicos se enfrentan con más de 70 casos de personas a cualquier hora del día.
Se puede encontrar desde una joven de apenas 25 años que intentó quitarse la vida, y a quien salvaron lavándole el estomago, hasta el muchacho travieso que se fracturó la pierna jugando la "cascarita" de futbol.
Los galenos se dirigen con paso firme a sus rondas de inspección, deseando tomar las decisiones correctas en aras de salvar más vidas, pues mientras más rápido actúen, mejor. De las medidas que tomen y la velocidad de sus fallos dependen trabajos, vidas, familias.
28 camas para más de 60 personas no son suficientes,y es por eso que todos esperan las palabras "mágicas": "Estás dado de alta".
Afuera, los esperan familiares luchan con sus propias dolencias, pues aguardan ansiosos noticias de sus pacientes, soportando sirenas ensordecedoras e incomodidades extremas, durmiendo en las banquetas con cartones como camas y periódicos como sábanas. Ellos pasan los minutos de angustia, que no son pocos, como si fueran verdaderas horas, entre rezos y lamentos, entre el frío y los latidos acelerados ante la preocupación de enfrentar una tragedia.
Y las dolencias se agravan en lo que el mundo médico clasifica como urgencias, auténticas pesadumbres tan espontáneas como lamentables, que hacen de la sala de emergencias un lugar donde convergen diferentes estilos y formas de vivir, variadas aficiones, desiguales conviciiones y diversas afecciones, pero en este lugar se encuentran hermandadas por un común denominador: el dolor.
La jamás publicada
¿Está México destinado al fracaso como selección? En un año exitoso a nivel individual, con cuatro jugadores campeones en ligas europeas de primer nivel, sumado a otros en países de tercer mundo futbolístico y unos cuantos más en ligas de buen nivel pero con escuadras con diferentes aspiraciones a ser campeones, la selección mexicana no deja de ser un “ya merito”, y sufre para avanzar en un torneo de mediana categoría.
Pero vayamos por partes. ¿De quién estamos hablando? Bueno, los campeones europeos fueron Pavel y Osorio con el Stuttgart, en Alemania; Nery Castillo con el Olimpiakos, en Grecia, y Carlos Salcido con el PSV, en Holanda, todos ellos seleccionados en la era de Hugo Sánchez.
De los de media tabla tenemos a De Nigris, en Turquía; José Manuel Rivera, en Hungría, en la cuna futbolística del gran Ferenk Puskas, el Honvéd; Iturriaga, con el Athletic de Bilbao, el “Guille” Franco con el Villareal, en España. En Armenia, Sergio Ramírez y Enrique López militan con el Bentonit.
Mención aparte merece Rafael Márquez, quien milita actualmente con el Barcelona, pero que ya ha sido campeón en dos ocasiones con el equipo culé y también con su anterior club europeo, el Mónaco de la liga francesa.
El futuro de México también está en Europa, pues Carlos Vela, con el Salamanca, y Giovanni Dos Santos, con las filiales de los blaugranas, son dos de las cartas fuertes del equipo de Hugo para eventos venideros.
Con esta baraja tan interesante de jugadores es difícil creer que no se pueda armar un cuadro que realmente aspire a estar entre los grandes, a ganar una Copa América, a meterse entre los primeros cuatro en una Copa del Mundo. Vaya, a ganar con facilidad la Copa Oro¡
Hugo, La Volpe, Lapuente, Aguirre. Di el nombre del técnico que quieras y será fracaso en alguna forma.
¿Qué necesita la Selección para ser un equipo contendiente, para quitarse el estigma de “los ratones verdes”? Necesita más que futbolistas exitosos, más que un grupo de jugadores que sean “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
Se requiere de un grupo unido, de que todos “jalen parejo”, cosa que con Hugo nada más no se da. Hugo ha dividido a la Selección desde antes de estar en el cargo, atacando a La Volpe, criticando un sistema de juego que él mismo envidiaría en estos momentos, un sistema que tenía táctica, algo de lo que el argentino sabe mucho y el “Macho” al parecer no.
El “Tri” se va a pique, con jugadores que se niegan participar excusando un cansancio que no es más que un miedo al fracaso disfrazado, con futbolistas que no dan “el ancho” y otros ya lo dieron y deben de salir.
Algún día México tendrá un equipo campeón, un equipo que agrade a la tribuna, que golee a los equipos chicos y que derrote a los grandes, pero mientras tendremos que conformarnos con ganarle a Guadalupe 1-0 y rezar por que Brasil no nos destroce en la próxima Copa América.
Pero vayamos por partes. ¿De quién estamos hablando? Bueno, los campeones europeos fueron Pavel y Osorio con el Stuttgart, en Alemania; Nery Castillo con el Olimpiakos, en Grecia, y Carlos Salcido con el PSV, en Holanda, todos ellos seleccionados en la era de Hugo Sánchez.
De los de media tabla tenemos a De Nigris, en Turquía; José Manuel Rivera, en Hungría, en la cuna futbolística del gran Ferenk Puskas, el Honvéd; Iturriaga, con el Athletic de Bilbao, el “Guille” Franco con el Villareal, en España. En Armenia, Sergio Ramírez y Enrique López militan con el Bentonit.
Mención aparte merece Rafael Márquez, quien milita actualmente con el Barcelona, pero que ya ha sido campeón en dos ocasiones con el equipo culé y también con su anterior club europeo, el Mónaco de la liga francesa.
El futuro de México también está en Europa, pues Carlos Vela, con el Salamanca, y Giovanni Dos Santos, con las filiales de los blaugranas, son dos de las cartas fuertes del equipo de Hugo para eventos venideros.
Con esta baraja tan interesante de jugadores es difícil creer que no se pueda armar un cuadro que realmente aspire a estar entre los grandes, a ganar una Copa América, a meterse entre los primeros cuatro en una Copa del Mundo. Vaya, a ganar con facilidad la Copa Oro¡
Hugo, La Volpe, Lapuente, Aguirre. Di el nombre del técnico que quieras y será fracaso en alguna forma.
¿Qué necesita la Selección para ser un equipo contendiente, para quitarse el estigma de “los ratones verdes”? Necesita más que futbolistas exitosos, más que un grupo de jugadores que sean “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
Se requiere de un grupo unido, de que todos “jalen parejo”, cosa que con Hugo nada más no se da. Hugo ha dividido a la Selección desde antes de estar en el cargo, atacando a La Volpe, criticando un sistema de juego que él mismo envidiaría en estos momentos, un sistema que tenía táctica, algo de lo que el argentino sabe mucho y el “Macho” al parecer no.
El “Tri” se va a pique, con jugadores que se niegan participar excusando un cansancio que no es más que un miedo al fracaso disfrazado, con futbolistas que no dan “el ancho” y otros ya lo dieron y deben de salir.
Algún día México tendrá un equipo campeón, un equipo que agrade a la tribuna, que golee a los equipos chicos y que derrote a los grandes, pero mientras tendremos que conformarnos con ganarle a Guadalupe 1-0 y rezar por que Brasil no nos destroce en la próxima Copa América.
¿Dónde están mis goles?
Goles son amores pero, ¿qué pasa cuando pierdes los amores que te hacen meter goles?
¿O cuándo los goles que haces ya no enamoran?
El futbol es un matrimonio polígamo. Cuando eres jugador te casas con medio mundo: con tu entrenador, con tu club, con tu afición, y, como en todo maridaje, pues tienes que alimentar la chispa día con día. Tienes que ponerle emoción a los entrenamientos, a los partidos, a los gritos del público.
No, no te debes a ellos, eres de ellos, y si no los enamoras con el día a día los pierdes y te pierdes.
Y traigo esto a colación porque en estos días se vuelve a poner de moda la frase “morirse en la cancha”, desgraciadamente por un fatídico suceso en España que atañe a todo el mundo del futbol. Y no sólo al profesional, sino al llanero, al cascarero, vaya, al amateur.
Imagínense, si en un club que tiene los aditamentos médicos para evitar esta clase de percances fallecen jugadores de alto rendimiento, no quiero ni pensar lo que puede pasar en los equipos como Club 64, donde su dueño, Alberto Cruz, entra a la cancha como si tuviera 20 años y 40 kilos menos, a riesgo de que le de un paro cardiorespiratorio.
La muerte de Antonio Puerta, jugador del Sevilla, deja mensajes entre líneas a los practicantes del “deporte más hermoso del mundo”. Los invita a reflexionar y a pensar que “dejar el corazón en el juego” va más allá de ser una simple frase motivacional.
Pero me asalta otra duda: si goles son amores, entonces ¿qué son los jonrones?
Sea lo que sea, eso fue lo que le faltó a los Leones de Yucatán para ser “bi”. Pero vaya, que ser subcampeones no tiene nada de malo, ya que 14 equipos más no llegaron ni siquiera a eso. Y ahora vienen las columnas dedicadas a ellos, a su “heroica actuación”, vaya, estoy esperando las editoriales de los seudointelectuales que después de creer que saben de futbol ahora pretenderán conocer de beisbol.
Pues ahora no tengo ni goles ni amores ni mucho menos jonrones. Sólo espero que la temporada de futbol sea buena para los equipos yucatecos y que la Liga Nacional de Basquetbol de Profesional depare agradables sorpresas para los Mayas, con el retorno del “Pajarito” Sánchez.
Y buscaré nuevos goles para tener nuevos amores, ya sea en mi nuevo equipo (que aun no me paga mi ficha) o en algún otro lugar. Goles son amores: ¿Quién no quiere ser goleador?
¿O cuándo los goles que haces ya no enamoran?
El futbol es un matrimonio polígamo. Cuando eres jugador te casas con medio mundo: con tu entrenador, con tu club, con tu afición, y, como en todo maridaje, pues tienes que alimentar la chispa día con día. Tienes que ponerle emoción a los entrenamientos, a los partidos, a los gritos del público.
No, no te debes a ellos, eres de ellos, y si no los enamoras con el día a día los pierdes y te pierdes.
Y traigo esto a colación porque en estos días se vuelve a poner de moda la frase “morirse en la cancha”, desgraciadamente por un fatídico suceso en España que atañe a todo el mundo del futbol. Y no sólo al profesional, sino al llanero, al cascarero, vaya, al amateur.
Imagínense, si en un club que tiene los aditamentos médicos para evitar esta clase de percances fallecen jugadores de alto rendimiento, no quiero ni pensar lo que puede pasar en los equipos como Club 64, donde su dueño, Alberto Cruz, entra a la cancha como si tuviera 20 años y 40 kilos menos, a riesgo de que le de un paro cardiorespiratorio.
La muerte de Antonio Puerta, jugador del Sevilla, deja mensajes entre líneas a los practicantes del “deporte más hermoso del mundo”. Los invita a reflexionar y a pensar que “dejar el corazón en el juego” va más allá de ser una simple frase motivacional.
Pero me asalta otra duda: si goles son amores, entonces ¿qué son los jonrones?
Sea lo que sea, eso fue lo que le faltó a los Leones de Yucatán para ser “bi”. Pero vaya, que ser subcampeones no tiene nada de malo, ya que 14 equipos más no llegaron ni siquiera a eso. Y ahora vienen las columnas dedicadas a ellos, a su “heroica actuación”, vaya, estoy esperando las editoriales de los seudointelectuales que después de creer que saben de futbol ahora pretenderán conocer de beisbol.
Pues ahora no tengo ni goles ni amores ni mucho menos jonrones. Sólo espero que la temporada de futbol sea buena para los equipos yucatecos y que la Liga Nacional de Basquetbol de Profesional depare agradables sorpresas para los Mayas, con el retorno del “Pajarito” Sánchez.
Y buscaré nuevos goles para tener nuevos amores, ya sea en mi nuevo equipo (que aun no me paga mi ficha) o en algún otro lugar. Goles son amores: ¿Quién no quiere ser goleador?
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