Todo árbol nace de una semilla, y todo proyecto crece con ambición y tesón.
Sin embargo, en Yucatán, el futbol profesional tiene un retroceso que hace pensar que el proceso evolutivo del deporte es cíclico, en lugar de ser “arriba y adelante”.
Hace apenas unos años, el Estado contaba con tres equipos de Tercera División, uno de Segunda y uno más de Primera “A”. La tierra del faisán y el venado tuvo, en diferentes épocas, a los Zapateros de Ticul, Tiburones de Progreso, Mayas de Mérida, en Tercera, a los mismos Mayas en Segunda y a los Venados en la división de plata.
Sin embargo, el paso del tiempo dejó en algún momento a la entidad con una sola oncena: los Itzaes de Tercera.
Afortunadamente, son tiempos de cambio. Ahora tenemos, de nuevo, dos escudras en Segunda (Itzaes y Venados) con sus respectivas filiales en Tercera y Cuarta División profesional.
Lo maravilloso del asunto es el legado que están dejando: canchas espectaculares, como las que construye la organización astada en las afueras de la capital, jóvenes bien entrenados, seleccionados nacionales infantiles.
Futbolistas en el Máximo Circuito del balompié de México hemos tenido pocos: Carlos Iturralde, Miguel Salcedo, Jimmy Cáceres, William Paredes, pero con esta semilla que han plantado los dos clubes mencionados hay mucho material para “exportar” a Primera y, por qué no, pensar en que Yucatán por fin tenga un equipo de Máximo Circuito.
Por otro lado, las niñas también están recibiendo el apoyo que merecen.
Hace unos días, estuvo en la capital del Estado el flamante seleccionador nacional, Leonardo Cuéllar, para presentar un proyecto ambicioso: una liga donde participan las oncenas de los estados del sureste, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán.
Además, realizó visorías satisfactorias, pues encontró algunas muchachas con facultades para estar en el “Tri” femenil, entre ellas destaca Ana Laura Fleites, que es una niña que llevaba muchos años rompiendo la liga en la que jugaba con los varones, hasta que se creó la Liga Femenil de Primera Fuerza, que preside atinadamente el señor Luis Duarte, y por fin pudo competir con su mismo sexo.
Ahora, “El León de la Metro”, como se le conocía en sus épocas de jugador a Leo Cuéllar, la quiere en la Selección. ¡Imagínense una delantera yucateca en el equipo nacional: Lupita Worbis y Ana Laura!
Este mismo torneo, que abarca a las mejores organizaciones del balompié de damas, va por su tercer año, y a decir de su presidente, la gobernadora, Ivonne Ortega, les está dando el apoyo que faltaba en años anteriores (quizá por ser mujer), y ahora suscribirán un convenio con las principales ligas infantiles para que los equipos que forman este circuito puedan mandar a sus jovencitas a foguearse en estas ligas de menor exigencia.
La semilla está plantada, ahora toca a los “frutos” madurar, seguir por el buen camino y que lleguen a donde ningún futbolista yucateco ha llegado: a las ligas europeas.
Y comeremos todos de esos frutos, pues a los que nos gusta el futbol veremos con orgullo cada fin de semana a nuestras joyas en el campo de Tamanché o en el Carlos Iturralde, y gozaremos con la liguilla, a la que por cierto, los aborígenes de Tercera ya calificaron.
Esperemos que hagan un buen papel como el torneo pasado, donde llegaron a la final. Aunque, sinceramente, ya me merezco un campeonato.
sábado, 3 de noviembre de 2007
miércoles, 10 de octubre de 2007
Con un hueco en mi cartera
Ayer cambié mi cartera. Sí, la que tenía antes está agujereada, se le salen las monedas y los billetes no entran (bueno, eso no me preocupa porque no tengo muchos).
Al ver mi cartera llena de boquetes me quedé pensando en los huecos y los cambios que han ocurrido en los últimos años de mi vida y de la vida de los deportes que me gustan, y me di cuenta de una ley inequívoca de la vida: todo cambio es malo.
Sí, el cambio de Papa, el de trabajo, de escuela, de amigos, de equipo de futbol. Todos representaron pérdidas y desgracias en algún momento.
Y me vienen a la mente los casos del “Bofo” de Guadalajara a Chiapas, Cuauhtémoc de América al Fuego de Chicago, Roger Clemens de Houston a Nueva York. En fin, personas van, personas vienen, y cuando cambias algo desajustas la maquinaria perfecta que es tu existencia.
Imagínate que mañana despiertas y no está Derek Jetter con los “Mulos de Manhattan”.
Sin cambios, la estática no existiría. No podríamos decir que existe “amor a la camiseta”, porque sería obligatorio que jugáramos todo el tiempo con la misma escuadra, o que trabajáramos en lo mismo siempre, o peor aún, que estuviéramos con la misma mujer por el resto de nuestros días.
Y los huecos, de esos ni hablemos. Recientemente tuve una pérdida muy grande que no se debió a mi cartera rota, sino a que la confianza se quebró, en palabras de la mujer aludida.
El agujero que dejó me hizo sentir como cuando Ramón Ramírez abandonó al Santos para jugar con las chivas saltonas, o como cuando Figo se fue del Barcelona al Real Madrid por unos cuantos millones de euros. Yo me pregunto ¿qué son 700 millones de pesos cuando tienes a toda una ciudad pidiéndote que te quedes?
Desafortunadamente a mi no me pidió nadie que me quedara (ni siquiera la amiga en cuestión), pero el hueco, de mi corazón, no de mi cartera, ese sí permaneció.
Al ver mi cartera llena de boquetes me quedé pensando en los huecos y los cambios que han ocurrido en los últimos años de mi vida y de la vida de los deportes que me gustan, y me di cuenta de una ley inequívoca de la vida: todo cambio es malo.
Sí, el cambio de Papa, el de trabajo, de escuela, de amigos, de equipo de futbol. Todos representaron pérdidas y desgracias en algún momento.
Y me vienen a la mente los casos del “Bofo” de Guadalajara a Chiapas, Cuauhtémoc de América al Fuego de Chicago, Roger Clemens de Houston a Nueva York. En fin, personas van, personas vienen, y cuando cambias algo desajustas la maquinaria perfecta que es tu existencia.
Imagínate que mañana despiertas y no está Derek Jetter con los “Mulos de Manhattan”.
Sin cambios, la estática no existiría. No podríamos decir que existe “amor a la camiseta”, porque sería obligatorio que jugáramos todo el tiempo con la misma escuadra, o que trabajáramos en lo mismo siempre, o peor aún, que estuviéramos con la misma mujer por el resto de nuestros días.
Y los huecos, de esos ni hablemos. Recientemente tuve una pérdida muy grande que no se debió a mi cartera rota, sino a que la confianza se quebró, en palabras de la mujer aludida.
El agujero que dejó me hizo sentir como cuando Ramón Ramírez abandonó al Santos para jugar con las chivas saltonas, o como cuando Figo se fue del Barcelona al Real Madrid por unos cuantos millones de euros. Yo me pregunto ¿qué son 700 millones de pesos cuando tienes a toda una ciudad pidiéndote que te quedes?
Desafortunadamente a mi no me pidió nadie que me quedara (ni siquiera la amiga en cuestión), pero el hueco, de mi corazón, no de mi cartera, ese sí permaneció.
domingo, 9 de septiembre de 2007
Dolor en los pasillos del O'Horán
El dolor se siente en el aire. Quejas constantes y gritos desgarradores de la multitud amontonada en los pasillos.
Preocupaciones que caminan de un lado a otro, voces de alerta y olor a medicina, pero, sobre todo, a sufrimiento. Esto es lo que se encuentra en la sala de urgencias del Hospital O'Horán.
No importan los rasgos o las creencias para las afecciones que en el nosocomio se presentan. Los médicos se enfrentan con más de 70 casos de personas a cualquier hora del día.
Se puede encontrar desde una joven de apenas 25 años que intentó quitarse la vida, y a quien salvaron lavándole el estomago, hasta el muchacho travieso que se fracturó la pierna jugando la "cascarita" de futbol.
Los galenos se dirigen con paso firme a sus rondas de inspección, deseando tomar las decisiones correctas en aras de salvar más vidas, pues mientras más rápido actúen, mejor. De las medidas que tomen y la velocidad de sus fallos dependen trabajos, vidas, familias.
28 camas para más de 60 personas no son suficientes,y es por eso que todos esperan las palabras "mágicas": "Estás dado de alta".
Afuera, los esperan familiares luchan con sus propias dolencias, pues aguardan ansiosos noticias de sus pacientes, soportando sirenas ensordecedoras e incomodidades extremas, durmiendo en las banquetas con cartones como camas y periódicos como sábanas. Ellos pasan los minutos de angustia, que no son pocos, como si fueran verdaderas horas, entre rezos y lamentos, entre el frío y los latidos acelerados ante la preocupación de enfrentar una tragedia.
Y las dolencias se agravan en lo que el mundo médico clasifica como urgencias, auténticas pesadumbres tan espontáneas como lamentables, que hacen de la sala de emergencias un lugar donde convergen diferentes estilos y formas de vivir, variadas aficiones, desiguales conviciiones y diversas afecciones, pero en este lugar se encuentran hermandadas por un común denominador: el dolor.
Preocupaciones que caminan de un lado a otro, voces de alerta y olor a medicina, pero, sobre todo, a sufrimiento. Esto es lo que se encuentra en la sala de urgencias del Hospital O'Horán.
No importan los rasgos o las creencias para las afecciones que en el nosocomio se presentan. Los médicos se enfrentan con más de 70 casos de personas a cualquier hora del día.
Se puede encontrar desde una joven de apenas 25 años que intentó quitarse la vida, y a quien salvaron lavándole el estomago, hasta el muchacho travieso que se fracturó la pierna jugando la "cascarita" de futbol.
Los galenos se dirigen con paso firme a sus rondas de inspección, deseando tomar las decisiones correctas en aras de salvar más vidas, pues mientras más rápido actúen, mejor. De las medidas que tomen y la velocidad de sus fallos dependen trabajos, vidas, familias.
28 camas para más de 60 personas no son suficientes,y es por eso que todos esperan las palabras "mágicas": "Estás dado de alta".
Afuera, los esperan familiares luchan con sus propias dolencias, pues aguardan ansiosos noticias de sus pacientes, soportando sirenas ensordecedoras e incomodidades extremas, durmiendo en las banquetas con cartones como camas y periódicos como sábanas. Ellos pasan los minutos de angustia, que no son pocos, como si fueran verdaderas horas, entre rezos y lamentos, entre el frío y los latidos acelerados ante la preocupación de enfrentar una tragedia.
Y las dolencias se agravan en lo que el mundo médico clasifica como urgencias, auténticas pesadumbres tan espontáneas como lamentables, que hacen de la sala de emergencias un lugar donde convergen diferentes estilos y formas de vivir, variadas aficiones, desiguales conviciiones y diversas afecciones, pero en este lugar se encuentran hermandadas por un común denominador: el dolor.
La jamás publicada
¿Está México destinado al fracaso como selección? En un año exitoso a nivel individual, con cuatro jugadores campeones en ligas europeas de primer nivel, sumado a otros en países de tercer mundo futbolístico y unos cuantos más en ligas de buen nivel pero con escuadras con diferentes aspiraciones a ser campeones, la selección mexicana no deja de ser un “ya merito”, y sufre para avanzar en un torneo de mediana categoría.
Pero vayamos por partes. ¿De quién estamos hablando? Bueno, los campeones europeos fueron Pavel y Osorio con el Stuttgart, en Alemania; Nery Castillo con el Olimpiakos, en Grecia, y Carlos Salcido con el PSV, en Holanda, todos ellos seleccionados en la era de Hugo Sánchez.
De los de media tabla tenemos a De Nigris, en Turquía; José Manuel Rivera, en Hungría, en la cuna futbolística del gran Ferenk Puskas, el Honvéd; Iturriaga, con el Athletic de Bilbao, el “Guille” Franco con el Villareal, en España. En Armenia, Sergio Ramírez y Enrique López militan con el Bentonit.
Mención aparte merece Rafael Márquez, quien milita actualmente con el Barcelona, pero que ya ha sido campeón en dos ocasiones con el equipo culé y también con su anterior club europeo, el Mónaco de la liga francesa.
El futuro de México también está en Europa, pues Carlos Vela, con el Salamanca, y Giovanni Dos Santos, con las filiales de los blaugranas, son dos de las cartas fuertes del equipo de Hugo para eventos venideros.
Con esta baraja tan interesante de jugadores es difícil creer que no se pueda armar un cuadro que realmente aspire a estar entre los grandes, a ganar una Copa América, a meterse entre los primeros cuatro en una Copa del Mundo. Vaya, a ganar con facilidad la Copa Oro¡
Hugo, La Volpe, Lapuente, Aguirre. Di el nombre del técnico que quieras y será fracaso en alguna forma.
¿Qué necesita la Selección para ser un equipo contendiente, para quitarse el estigma de “los ratones verdes”? Necesita más que futbolistas exitosos, más que un grupo de jugadores que sean “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
Se requiere de un grupo unido, de que todos “jalen parejo”, cosa que con Hugo nada más no se da. Hugo ha dividido a la Selección desde antes de estar en el cargo, atacando a La Volpe, criticando un sistema de juego que él mismo envidiaría en estos momentos, un sistema que tenía táctica, algo de lo que el argentino sabe mucho y el “Macho” al parecer no.
El “Tri” se va a pique, con jugadores que se niegan participar excusando un cansancio que no es más que un miedo al fracaso disfrazado, con futbolistas que no dan “el ancho” y otros ya lo dieron y deben de salir.
Algún día México tendrá un equipo campeón, un equipo que agrade a la tribuna, que golee a los equipos chicos y que derrote a los grandes, pero mientras tendremos que conformarnos con ganarle a Guadalupe 1-0 y rezar por que Brasil no nos destroce en la próxima Copa América.
Pero vayamos por partes. ¿De quién estamos hablando? Bueno, los campeones europeos fueron Pavel y Osorio con el Stuttgart, en Alemania; Nery Castillo con el Olimpiakos, en Grecia, y Carlos Salcido con el PSV, en Holanda, todos ellos seleccionados en la era de Hugo Sánchez.
De los de media tabla tenemos a De Nigris, en Turquía; José Manuel Rivera, en Hungría, en la cuna futbolística del gran Ferenk Puskas, el Honvéd; Iturriaga, con el Athletic de Bilbao, el “Guille” Franco con el Villareal, en España. En Armenia, Sergio Ramírez y Enrique López militan con el Bentonit.
Mención aparte merece Rafael Márquez, quien milita actualmente con el Barcelona, pero que ya ha sido campeón en dos ocasiones con el equipo culé y también con su anterior club europeo, el Mónaco de la liga francesa.
El futuro de México también está en Europa, pues Carlos Vela, con el Salamanca, y Giovanni Dos Santos, con las filiales de los blaugranas, son dos de las cartas fuertes del equipo de Hugo para eventos venideros.
Con esta baraja tan interesante de jugadores es difícil creer que no se pueda armar un cuadro que realmente aspire a estar entre los grandes, a ganar una Copa América, a meterse entre los primeros cuatro en una Copa del Mundo. Vaya, a ganar con facilidad la Copa Oro¡
Hugo, La Volpe, Lapuente, Aguirre. Di el nombre del técnico que quieras y será fracaso en alguna forma.
¿Qué necesita la Selección para ser un equipo contendiente, para quitarse el estigma de “los ratones verdes”? Necesita más que futbolistas exitosos, más que un grupo de jugadores que sean “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
Se requiere de un grupo unido, de que todos “jalen parejo”, cosa que con Hugo nada más no se da. Hugo ha dividido a la Selección desde antes de estar en el cargo, atacando a La Volpe, criticando un sistema de juego que él mismo envidiaría en estos momentos, un sistema que tenía táctica, algo de lo que el argentino sabe mucho y el “Macho” al parecer no.
El “Tri” se va a pique, con jugadores que se niegan participar excusando un cansancio que no es más que un miedo al fracaso disfrazado, con futbolistas que no dan “el ancho” y otros ya lo dieron y deben de salir.
Algún día México tendrá un equipo campeón, un equipo que agrade a la tribuna, que golee a los equipos chicos y que derrote a los grandes, pero mientras tendremos que conformarnos con ganarle a Guadalupe 1-0 y rezar por que Brasil no nos destroce en la próxima Copa América.
¿Dónde están mis goles?
Goles son amores pero, ¿qué pasa cuando pierdes los amores que te hacen meter goles?
¿O cuándo los goles que haces ya no enamoran?
El futbol es un matrimonio polígamo. Cuando eres jugador te casas con medio mundo: con tu entrenador, con tu club, con tu afición, y, como en todo maridaje, pues tienes que alimentar la chispa día con día. Tienes que ponerle emoción a los entrenamientos, a los partidos, a los gritos del público.
No, no te debes a ellos, eres de ellos, y si no los enamoras con el día a día los pierdes y te pierdes.
Y traigo esto a colación porque en estos días se vuelve a poner de moda la frase “morirse en la cancha”, desgraciadamente por un fatídico suceso en España que atañe a todo el mundo del futbol. Y no sólo al profesional, sino al llanero, al cascarero, vaya, al amateur.
Imagínense, si en un club que tiene los aditamentos médicos para evitar esta clase de percances fallecen jugadores de alto rendimiento, no quiero ni pensar lo que puede pasar en los equipos como Club 64, donde su dueño, Alberto Cruz, entra a la cancha como si tuviera 20 años y 40 kilos menos, a riesgo de que le de un paro cardiorespiratorio.
La muerte de Antonio Puerta, jugador del Sevilla, deja mensajes entre líneas a los practicantes del “deporte más hermoso del mundo”. Los invita a reflexionar y a pensar que “dejar el corazón en el juego” va más allá de ser una simple frase motivacional.
Pero me asalta otra duda: si goles son amores, entonces ¿qué son los jonrones?
Sea lo que sea, eso fue lo que le faltó a los Leones de Yucatán para ser “bi”. Pero vaya, que ser subcampeones no tiene nada de malo, ya que 14 equipos más no llegaron ni siquiera a eso. Y ahora vienen las columnas dedicadas a ellos, a su “heroica actuación”, vaya, estoy esperando las editoriales de los seudointelectuales que después de creer que saben de futbol ahora pretenderán conocer de beisbol.
Pues ahora no tengo ni goles ni amores ni mucho menos jonrones. Sólo espero que la temporada de futbol sea buena para los equipos yucatecos y que la Liga Nacional de Basquetbol de Profesional depare agradables sorpresas para los Mayas, con el retorno del “Pajarito” Sánchez.
Y buscaré nuevos goles para tener nuevos amores, ya sea en mi nuevo equipo (que aun no me paga mi ficha) o en algún otro lugar. Goles son amores: ¿Quién no quiere ser goleador?
¿O cuándo los goles que haces ya no enamoran?
El futbol es un matrimonio polígamo. Cuando eres jugador te casas con medio mundo: con tu entrenador, con tu club, con tu afición, y, como en todo maridaje, pues tienes que alimentar la chispa día con día. Tienes que ponerle emoción a los entrenamientos, a los partidos, a los gritos del público.
No, no te debes a ellos, eres de ellos, y si no los enamoras con el día a día los pierdes y te pierdes.
Y traigo esto a colación porque en estos días se vuelve a poner de moda la frase “morirse en la cancha”, desgraciadamente por un fatídico suceso en España que atañe a todo el mundo del futbol. Y no sólo al profesional, sino al llanero, al cascarero, vaya, al amateur.
Imagínense, si en un club que tiene los aditamentos médicos para evitar esta clase de percances fallecen jugadores de alto rendimiento, no quiero ni pensar lo que puede pasar en los equipos como Club 64, donde su dueño, Alberto Cruz, entra a la cancha como si tuviera 20 años y 40 kilos menos, a riesgo de que le de un paro cardiorespiratorio.
La muerte de Antonio Puerta, jugador del Sevilla, deja mensajes entre líneas a los practicantes del “deporte más hermoso del mundo”. Los invita a reflexionar y a pensar que “dejar el corazón en el juego” va más allá de ser una simple frase motivacional.
Pero me asalta otra duda: si goles son amores, entonces ¿qué son los jonrones?
Sea lo que sea, eso fue lo que le faltó a los Leones de Yucatán para ser “bi”. Pero vaya, que ser subcampeones no tiene nada de malo, ya que 14 equipos más no llegaron ni siquiera a eso. Y ahora vienen las columnas dedicadas a ellos, a su “heroica actuación”, vaya, estoy esperando las editoriales de los seudointelectuales que después de creer que saben de futbol ahora pretenderán conocer de beisbol.
Pues ahora no tengo ni goles ni amores ni mucho menos jonrones. Sólo espero que la temporada de futbol sea buena para los equipos yucatecos y que la Liga Nacional de Basquetbol de Profesional depare agradables sorpresas para los Mayas, con el retorno del “Pajarito” Sánchez.
Y buscaré nuevos goles para tener nuevos amores, ya sea en mi nuevo equipo (que aun no me paga mi ficha) o en algún otro lugar. Goles son amores: ¿Quién no quiere ser goleador?
Futbol sin memoria
El futbol en México no tiene memoria. ¿Dónde quedó Estados Unidos? Sepultado por el fresco recuerdo de una victoria contra Brasil. ¿Dónde están los que pedían la cabeza de Hugo Sánchez el domingo pasado? En el Angel de la Independencia celebrando un arranque prometedor en la Copa América de Venezuela.
La afición mexicana vive del momento, de lo que pasa en la actualidad con la Selección. Más tarda en reprocharle a un técnico que no haya llevado a tal o cual jugador, que en alabarlo por haber puesto a jugar a otro que, casualmente, tiene un desempeño sobresaliente tras ser críticado por la misma fanaticada.
¿Cuándo serán firmes en sus críticas los aficionados al deporte de las patadas? Son como una veleta que se mueven a donde los lleve el viento de la información en los medios, de lo que diga el reportero, de lo que les cuente el narrador. Si el Perro Bermúdez dice que “Zorba el Potosino” es el jugador que viene a revolucionar al Tri, entonces el aficionado lo cree, pero si Martinolli comenta al aire que Hugo es el peor entrenador del mundo, entonces su juicio se vierte a criticar al Pentapichichi.
Para aspirar a tener una selección de primer mundo debemos ser aficionados de primer mundo, conocer más allá de lo que nos dicen los Marín, los Orvañanos. Saber que el equipo está mal cuando el equipo está mal; reconocer si un jugador nos sirve o si el equipo no sirve; saber alabar el funcionamiento cuando realmente se merece y no cuando los periódicos encabezan con “Baile”, “Brasil se arrodilla ante México” y otros títulos que reflejan el momento pero no la historia.
Nos toca Ecuador, y veremos si realmente somos la potencia que en este momento creemos ser, pues si pudimos vencer fácilmente al Pentacampeón mundial, ¿qué nos va a hacer un cuadro con apenas dos Copas del Mundo jugadas?
Esperemos que la buena vibra que ha regresado al seno de la selección continúe, que nos traigan un título de América, pues cualquier cosa menos que eso ya lo habremos vivido.
Y por cierto, esta nueva esperanza se esta dando sin los europeos, o más bien, sin los lavolpistas. Los lavolpistas se fueron (sólo queda Rafa Márquez y Osvaldo, que no jugó), y no sabemos si eran ellos los que dañaban el grupo y llevaron a México a un fracaso en la Copa Oro. ¿Quién extraña a los “cansados” Pardo, Osorio, Salcido, o al Kikín, a Osvaldo, a Borghetti? Ni quién se acuerde de ellos en este momento. La memoria nos falla, y nos convierte en veletas a merced de los comentaristas.
La afición mexicana vive del momento, de lo que pasa en la actualidad con la Selección. Más tarda en reprocharle a un técnico que no haya llevado a tal o cual jugador, que en alabarlo por haber puesto a jugar a otro que, casualmente, tiene un desempeño sobresaliente tras ser críticado por la misma fanaticada.
¿Cuándo serán firmes en sus críticas los aficionados al deporte de las patadas? Son como una veleta que se mueven a donde los lleve el viento de la información en los medios, de lo que diga el reportero, de lo que les cuente el narrador. Si el Perro Bermúdez dice que “Zorba el Potosino” es el jugador que viene a revolucionar al Tri, entonces el aficionado lo cree, pero si Martinolli comenta al aire que Hugo es el peor entrenador del mundo, entonces su juicio se vierte a criticar al Pentapichichi.
Para aspirar a tener una selección de primer mundo debemos ser aficionados de primer mundo, conocer más allá de lo que nos dicen los Marín, los Orvañanos. Saber que el equipo está mal cuando el equipo está mal; reconocer si un jugador nos sirve o si el equipo no sirve; saber alabar el funcionamiento cuando realmente se merece y no cuando los periódicos encabezan con “Baile”, “Brasil se arrodilla ante México” y otros títulos que reflejan el momento pero no la historia.
Nos toca Ecuador, y veremos si realmente somos la potencia que en este momento creemos ser, pues si pudimos vencer fácilmente al Pentacampeón mundial, ¿qué nos va a hacer un cuadro con apenas dos Copas del Mundo jugadas?
Esperemos que la buena vibra que ha regresado al seno de la selección continúe, que nos traigan un título de América, pues cualquier cosa menos que eso ya lo habremos vivido.
Y por cierto, esta nueva esperanza se esta dando sin los europeos, o más bien, sin los lavolpistas. Los lavolpistas se fueron (sólo queda Rafa Márquez y Osvaldo, que no jugó), y no sabemos si eran ellos los que dañaban el grupo y llevaron a México a un fracaso en la Copa Oro. ¿Quién extraña a los “cansados” Pardo, Osorio, Salcido, o al Kikín, a Osvaldo, a Borghetti? Ni quién se acuerde de ellos en este momento. La memoria nos falla, y nos convierte en veletas a merced de los comentaristas.
Gracias, Turco
Cualquiera puede hablar o escribir de futbol. Los niños en la calle, los taxistas, los oficinistas, vaya, hasta un seudointelectual dedicó su columna semanal en este rotativo para hablar de la Selección Mexicana.
Pero pocos pueden hablar DEL futbol, del sentimiento que es este deporte, del querer, que digo querer, amar a un equipo, a un jugador, del dolor de ver a tu escuadra perder una final, del llanto derramado por ver a tu equipo en el descenso.
En Yucatán, tierra beisbolera y carente de soccer de máximo nivel, los aficionados tienden a adoptar al equipo de moda, al que es el campeón durante la niñez. Es por eso que tenemos muchos pumas (en los nacidos en los 80), mucho cementero y águila (los que fueron niños en los finales de los 70 y principios de los 80) y sobre todo, muchos chivas (esos no necesitan nacer en una época determinada, simplemente ser... chivas).
Yo fui y seré toro, sí toro de Neza, de Arangio, de Memo Vázquez, de un veterano pero no acabado Pablo Larios, del Piojo Miguel Herrera.
Sí, el Toros Neza de las máscaras, de los pelos pintados, pero sobre todo, lo más importante, el Toros Neza de un grande: Antonio Mohamed.
Antonio “El turco” Mohamed marcó una época en el futbol mexicano. Su alegría era contagiosa, agradaba verlo jugar y deleitaba a sus seguidores (entre ellos, yo) e hizo ganador a un equipo que pintaba para descender en un dos por tres.
Tony, como le decían en el equipo, llegó a México de Huracán y de inmediato se ganó a los seguidores del en un principio gitano equipo, lo llevó a una final y lo condenó al descenso al abandonarlos.
Por Mohamed amé al Toros Neza, amé verlos jugar, verlos salir con las máscaras de abuelita (la del Turco), de Bart Simpson (Germán Arangio), de Kiss (Memo Vázquez) o de monstruos.
Lloré de alegría al llegar a la final del invierno 98, pero más lloré cuando Chivas nos ganó y humilló 6-1 (desde eso soy antichiva, y como lo más radical de esa postura es ser americanista, pues ahora soy americanista), y derramé lágrimas de sangre cuando descendimos (ya sin Tony).
Por Mohamed apoyé al América por primera vez, cuando el argentino fue llamado como refuerzo del club de Coapa para la Libertadores.
Toros Neza, gran época del futbol mexicano, gran época de mi vida, pero todo tiene que acabar.
Al Turco, sin embargo, no se le acabó la magia y la alegría. Hace poco más de un año que volví a llorar por su causa, lloré al enterarme que su hijo Farid de 9 años murió en un accidente de tránsito en Alemania, en fechas mundialistas. Lloré porque Mohamed es más que un jugador de futbol, es un perssonaje, un emblema del club que me dio alegrias futbolísticas y otras personales, lloré porque Tony estaba desgarrado y me dio una nueva lección de vida: regresó a Argentina para subir a Primera División al club que lo vio nacer, al Huracán, donde es ídolo igual que en Neza y en Mérida (aunque sólo tenga un fan, que soy yo).
En fin, ahora son “incha” de Huracán, Toros Neza quedó atrás, y espero que me den nuevas alegrías a mí, a sus inchas y sobre todo a un hombre que se lo merece porque me dio muchas alegrías pasadas: Antonio Mohamed.
Pero pocos pueden hablar DEL futbol, del sentimiento que es este deporte, del querer, que digo querer, amar a un equipo, a un jugador, del dolor de ver a tu escuadra perder una final, del llanto derramado por ver a tu equipo en el descenso.
En Yucatán, tierra beisbolera y carente de soccer de máximo nivel, los aficionados tienden a adoptar al equipo de moda, al que es el campeón durante la niñez. Es por eso que tenemos muchos pumas (en los nacidos en los 80), mucho cementero y águila (los que fueron niños en los finales de los 70 y principios de los 80) y sobre todo, muchos chivas (esos no necesitan nacer en una época determinada, simplemente ser... chivas).
Yo fui y seré toro, sí toro de Neza, de Arangio, de Memo Vázquez, de un veterano pero no acabado Pablo Larios, del Piojo Miguel Herrera.
Sí, el Toros Neza de las máscaras, de los pelos pintados, pero sobre todo, lo más importante, el Toros Neza de un grande: Antonio Mohamed.
Antonio “El turco” Mohamed marcó una época en el futbol mexicano. Su alegría era contagiosa, agradaba verlo jugar y deleitaba a sus seguidores (entre ellos, yo) e hizo ganador a un equipo que pintaba para descender en un dos por tres.
Tony, como le decían en el equipo, llegó a México de Huracán y de inmediato se ganó a los seguidores del en un principio gitano equipo, lo llevó a una final y lo condenó al descenso al abandonarlos.
Por Mohamed amé al Toros Neza, amé verlos jugar, verlos salir con las máscaras de abuelita (la del Turco), de Bart Simpson (Germán Arangio), de Kiss (Memo Vázquez) o de monstruos.
Lloré de alegría al llegar a la final del invierno 98, pero más lloré cuando Chivas nos ganó y humilló 6-1 (desde eso soy antichiva, y como lo más radical de esa postura es ser americanista, pues ahora soy americanista), y derramé lágrimas de sangre cuando descendimos (ya sin Tony).
Por Mohamed apoyé al América por primera vez, cuando el argentino fue llamado como refuerzo del club de Coapa para la Libertadores.
Toros Neza, gran época del futbol mexicano, gran época de mi vida, pero todo tiene que acabar.
Al Turco, sin embargo, no se le acabó la magia y la alegría. Hace poco más de un año que volví a llorar por su causa, lloré al enterarme que su hijo Farid de 9 años murió en un accidente de tránsito en Alemania, en fechas mundialistas. Lloré porque Mohamed es más que un jugador de futbol, es un perssonaje, un emblema del club que me dio alegrias futbolísticas y otras personales, lloré porque Tony estaba desgarrado y me dio una nueva lección de vida: regresó a Argentina para subir a Primera División al club que lo vio nacer, al Huracán, donde es ídolo igual que en Neza y en Mérida (aunque sólo tenga un fan, que soy yo).
En fin, ahora son “incha” de Huracán, Toros Neza quedó atrás, y espero que me den nuevas alegrías a mí, a sus inchas y sobre todo a un hombre que se lo merece porque me dio muchas alegrías pasadas: Antonio Mohamed.
Más que una Copa
De pronto cae el gol y lo grito como si lo hubiera metido Blanco o Nery, pero no, lo anotó Omar Bravo y lo ceelbro con mucha euforia. Tras las múltiples repeticiones patrocinadas por todas las empresas imaginables en México, me cae el veinte. ¡Lo metió Omar Bravo!, me repito una y otra vez. ¿Qué me pasa, estaré soñando, seré Chiva “de clóset” y no lo sé?
¡Rayos!, ya averigüé qué es lo que ocurre: es un juego de la Selección, y como el comercial, el futbol nos une. No importa si eres Puma, Chiva, Aguila, Mariposa, perdón, Monarca, o apoyas a la UAG (sabemos que no son muchos, pero sí son machos), lo que importa es que el Tri es el equipo de todos, es verde como la esperanza y rojo como la pasión.
Pongo este ejemplo para dar una aproximación a lo que voy a comentar.
Irak, un pueblo símbolo de guerras internas y con el país que quiere apropiarse de su petróleo, y terrorismo, de divisiones internas, de guerras civiles interminables entre las etnias religiosas: kurdos, chiítas y suníes, que aún teniendo un enemigo en común, Estados Unidos, no se unen para acabar con los conflictos bélicos.
Esto es Irak, un país asiático donde no existe unión, donde mueren en promedio 500 personas al día, los más, civiles, los menos, soldados invasores. Pero existe “fuego amigo”, pues si un chiíta ve a un kurdo, “se lo echa”, si un suní ve a un chiíta, también lo mata, todo por las creencias religiosas.
Pues bien, la Copa Asiática de Naciones hizo realidad la utopía, al menos por un tiempo, cuando la selección de Irak, el bello país del que hablo, la ganó.
Y todo el país salió a celebrar, unidos, como un pueblo. Chiítas, suníes, kurdos, católicos, todos, absolutamente todos, se envolvieron en la misma bandera, en la misma creencia, y todo gracias al futbol.
Salieron a celebrar y murieron algunos, pocos. Pero la alegría que ese grupo de jugadores, que no pudieron estar en su tierra para presentar la copa ganada, le dio a un pueblo sumido en la tristeza, no se compara con nada. Y la guerra acabó.
Al menos por unos días, pues apenas el martes pasado se presentaron cuatro atentados suicidas en Bagdad, la capital.
Lo siento, pero no a todos les gusta el futbol.
¡Rayos!, ya averigüé qué es lo que ocurre: es un juego de la Selección, y como el comercial, el futbol nos une. No importa si eres Puma, Chiva, Aguila, Mariposa, perdón, Monarca, o apoyas a la UAG (sabemos que no son muchos, pero sí son machos), lo que importa es que el Tri es el equipo de todos, es verde como la esperanza y rojo como la pasión.
Pongo este ejemplo para dar una aproximación a lo que voy a comentar.
Irak, un pueblo símbolo de guerras internas y con el país que quiere apropiarse de su petróleo, y terrorismo, de divisiones internas, de guerras civiles interminables entre las etnias religiosas: kurdos, chiítas y suníes, que aún teniendo un enemigo en común, Estados Unidos, no se unen para acabar con los conflictos bélicos.
Esto es Irak, un país asiático donde no existe unión, donde mueren en promedio 500 personas al día, los más, civiles, los menos, soldados invasores. Pero existe “fuego amigo”, pues si un chiíta ve a un kurdo, “se lo echa”, si un suní ve a un chiíta, también lo mata, todo por las creencias religiosas.
Pues bien, la Copa Asiática de Naciones hizo realidad la utopía, al menos por un tiempo, cuando la selección de Irak, el bello país del que hablo, la ganó.
Y todo el país salió a celebrar, unidos, como un pueblo. Chiítas, suníes, kurdos, católicos, todos, absolutamente todos, se envolvieron en la misma bandera, en la misma creencia, y todo gracias al futbol.
Salieron a celebrar y murieron algunos, pocos. Pero la alegría que ese grupo de jugadores, que no pudieron estar en su tierra para presentar la copa ganada, le dio a un pueblo sumido en la tristeza, no se compara con nada. Y la guerra acabó.
Al menos por unos días, pues apenas el martes pasado se presentaron cuatro atentados suicidas en Bagdad, la capital.
Lo siento, pero no a todos les gusta el futbol.
¿Quién rayos es Pepe?
Muero de envidia. Sí, envidia de la mala, de esa de querer tener lo del otro. ¿Por qué? Porque en Brasil venden a un jugador desconocido hasta por su abuelita en 30 millones de euros y en México celebramos que uno de nuestras “joyas” la mandamos en la cifra récord de 7 millones.
¿Así nos ven a los mexicanos en el mundo? ¿Somos joyas de 7 millones o retazos de 30? ¿Realmente nos ven de ese tamaño en el deporte mundial?
Pepe (¡¿Quién rayos es Pepe?!) no es ni será seleccionado brasileño, nunca jugó en Brasil y ahora pasa de un equipo mediano en Europa a un grande del Mundo.
Pero él no es quien nos importa, sino nuestros propios jugadores. Ver a un Andrés Guardado volar a Europa, comprado y a los 21 años es digno de alabarse, habla bien del futbolista, no de la Federación, y habla bien del plan de vida de la Selección mexicana.
¿Qué necesita la Selección para ser un equipo contendiente, para quitarse el estigma de “los ratones verdes”? Necesita más que futbolistas exitosos, más que un grupo de jugadores que sean “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
Se requiere de un grupo unido, de que todos “jalen parejo”, cosa que con apenas en esta Copa América se dio. Hugo dividió a la Selección desde antes de estar en el cargo, atacando a La Volpe, criticando un sistema de juego que él mismo envidiaría en estos momentos, un sistema que tenía táctica, algo de lo que el argentino sabe mucho y el “Macho” al parecer está aprendiendo
Algún día México tendrá un equipo campeón, un conjunto que agrade a la tribuna, que golee a los equipos chicos y que derrote siempre a los grandes, pero mientras tendremos que conformarnos con ganarle a Guadalupe 1-0 y rezar porque Argentina no nos destroce cuando juega con sus estrellas juntas.
¿Así nos ven a los mexicanos en el mundo? ¿Somos joyas de 7 millones o retazos de 30? ¿Realmente nos ven de ese tamaño en el deporte mundial?
Pepe (¡¿Quién rayos es Pepe?!) no es ni será seleccionado brasileño, nunca jugó en Brasil y ahora pasa de un equipo mediano en Europa a un grande del Mundo.
Pero él no es quien nos importa, sino nuestros propios jugadores. Ver a un Andrés Guardado volar a Europa, comprado y a los 21 años es digno de alabarse, habla bien del futbolista, no de la Federación, y habla bien del plan de vida de la Selección mexicana.
¿Qué necesita la Selección para ser un equipo contendiente, para quitarse el estigma de “los ratones verdes”? Necesita más que futbolistas exitosos, más que un grupo de jugadores que sean “candil de la calle, oscuridad de la casa”.
Se requiere de un grupo unido, de que todos “jalen parejo”, cosa que con apenas en esta Copa América se dio. Hugo dividió a la Selección desde antes de estar en el cargo, atacando a La Volpe, criticando un sistema de juego que él mismo envidiaría en estos momentos, un sistema que tenía táctica, algo de lo que el argentino sabe mucho y el “Macho” al parecer está aprendiendo
Algún día México tendrá un equipo campeón, un conjunto que agrade a la tribuna, que golee a los equipos chicos y que derrote siempre a los grandes, pero mientras tendremos que conformarnos con ganarle a Guadalupe 1-0 y rezar porque Argentina no nos destroce cuando juega con sus estrellas juntas.
Sueños
Recibe pase filtrado, se quita a Juan de un sombrerito, le sale el portero y lo cruza. ¡GOOOL! Que digo gol, ¡golazo! de Nery Castillo. México le gana a Brasil y es campeón mundial. Momento, es sólo Copa América, ni siquiera la final, es un juego de primera ronda.
Como nos hace soñar un momento de destello, un jugador, una gambeta, un paradón. Y es así que nacen los ídolos. Con una jugada, con un gol, con una barrida que nos ilusione, que nos haga vibrar, que nos haga sentir que podemos llegar lejos, ser mejores que todos y vencer a los gigantes.
Ese es el valor de un ídolo. No los 14 millones de euros que el Shakhtar Donetsk pretende pagarle al Olimpiakos por Nery, no los 2.5 millones que el PSV le pagó al Atlas por Andrés Guardado o los mismos 4.3 millones que el Mónaco dio por Rafael Márquez.
No, el valor de una figura se mide en cuantas satisfacciones le da a su público, cuantas alegrías, cuantos días de felicidad pasa tras una brillante actuación.
Este es el verdadero valor de una estrella. No lo que pague el Milan ni el Real Madrid, no en lo que lo tase su club o lo que el mercado diga que es su costo. No, de nuevo no.
Ronaldo vale más de los 9 millones de euros que los rossoneros pagaron por el, vale por cada uno de los goles que le dieron a Brasil esperanza de un hexacampeonato, vale por las sonrisas que arrancó en Madrid, vale por los días que los aficionados corearon su nombre.
¿Cuánto vale Hugo Sánchez para los mexicanos? ¿Cuántos paisanos sienten suyos los goles que metió en el Real Madrid? Me atrevo a decir que pocos. Es por ello que en nuestro país no se le da la dimensión de sus logros a Hugo, por eso lo minimizamos, por eso él debe vanagloriarse. ¿Cuántos goles le dieron triunfos a México? ¿Qué hizo en los mundiales a los que fue? El ridículo, a ciencia cierta. Ni en el 78 ni en el 86 México hizo algo bueno gracias a él.
Nery vale mucho. Vale tanto como regresarnos la esperanza en un equipo mexicano que después de una nefasta Copa Oro no merecía ni verlo por Televisa. Vale por un gol “a la brasileña” contra los brasileños, vale porque se siente mexicano y lo demuestra en los partidos, vale porque no se siente cansado como otros compatriotas, vale porque le duele perder contra los gringos.
¿Vale la pena ilusionarse por un solo jugador? ¿Es válido soñar con que un gol de Nery nos dé un título? ¿Vale sentirse “Zorba el potosino” al jugar la cascarita?
Por lo pronto hoy iré a trabajar con mi camisa del Olimpiakos, esperando que Nery haga pedazos a los paraguayos, a Verón (por puma), a Caniza (por cruzazulino) y de paso a Cáceres (aunque es tigre también le toca un poco). Gritaré cuando anotemos y lloraré si perdemos, regresaré a mi realidad, pero daré gracias mis ídolos que me harán olvidar por dos horas que sólo traigo 20 pesos en la bolsa.
Como nos hace soñar un momento de destello, un jugador, una gambeta, un paradón. Y es así que nacen los ídolos. Con una jugada, con un gol, con una barrida que nos ilusione, que nos haga vibrar, que nos haga sentir que podemos llegar lejos, ser mejores que todos y vencer a los gigantes.
Ese es el valor de un ídolo. No los 14 millones de euros que el Shakhtar Donetsk pretende pagarle al Olimpiakos por Nery, no los 2.5 millones que el PSV le pagó al Atlas por Andrés Guardado o los mismos 4.3 millones que el Mónaco dio por Rafael Márquez.
No, el valor de una figura se mide en cuantas satisfacciones le da a su público, cuantas alegrías, cuantos días de felicidad pasa tras una brillante actuación.
Este es el verdadero valor de una estrella. No lo que pague el Milan ni el Real Madrid, no en lo que lo tase su club o lo que el mercado diga que es su costo. No, de nuevo no.
Ronaldo vale más de los 9 millones de euros que los rossoneros pagaron por el, vale por cada uno de los goles que le dieron a Brasil esperanza de un hexacampeonato, vale por las sonrisas que arrancó en Madrid, vale por los días que los aficionados corearon su nombre.
¿Cuánto vale Hugo Sánchez para los mexicanos? ¿Cuántos paisanos sienten suyos los goles que metió en el Real Madrid? Me atrevo a decir que pocos. Es por ello que en nuestro país no se le da la dimensión de sus logros a Hugo, por eso lo minimizamos, por eso él debe vanagloriarse. ¿Cuántos goles le dieron triunfos a México? ¿Qué hizo en los mundiales a los que fue? El ridículo, a ciencia cierta. Ni en el 78 ni en el 86 México hizo algo bueno gracias a él.
Nery vale mucho. Vale tanto como regresarnos la esperanza en un equipo mexicano que después de una nefasta Copa Oro no merecía ni verlo por Televisa. Vale por un gol “a la brasileña” contra los brasileños, vale porque se siente mexicano y lo demuestra en los partidos, vale porque no se siente cansado como otros compatriotas, vale porque le duele perder contra los gringos.
¿Vale la pena ilusionarse por un solo jugador? ¿Es válido soñar con que un gol de Nery nos dé un título? ¿Vale sentirse “Zorba el potosino” al jugar la cascarita?
Por lo pronto hoy iré a trabajar con mi camisa del Olimpiakos, esperando que Nery haga pedazos a los paraguayos, a Verón (por puma), a Caniza (por cruzazulino) y de paso a Cáceres (aunque es tigre también le toca un poco). Gritaré cuando anotemos y lloraré si perdemos, regresaré a mi realidad, pero daré gracias mis ídolos que me harán olvidar por dos horas que sólo traigo 20 pesos en la bolsa.
El que espera...
Tengo cierta experiencia en esperar. Esperé 13 años para tener novia, espero cada año, con más ansias que el anterior, mi cumpleaños y soy aficionado al futbol americano, por lo que debo aguardar seis meses entre temporada y temporada.
Por eso, entiendo perfectamente a los aficionados a dos deportes de masas, de esos que levantan pasiones y causan peleas, de esos de los que todo Yucatán habla y todos opinan, -villamelones sobran-, de aquellos que ves en la televisión, escuchas en la radio y lees en el periódico, muchas veces todo al mismo tiempo.
En fin, hablo del futbol y el beisbol. Esos deportes que en el Estado son respetados y casi venerados, con equipos profesionales de tradición, en el caso de los Leones beisboleros, y una liga que por décadas ha dado satisfacciones a los seguidores del deporte de las patadas, la Primera Estatal.
Pues bien, el momento más esperado para ambas aficiones llegó: la postemporada. La Liguilla, en el caso de la Primera, y los playoffs, en el caso de la Liga Mexicana de Verano.
Hablemos primero de lo que he vivido: la postemporada de la liga de futbol semiprofesional más importante de la región, donde muchos jugadores de los estados vecinos, y no tan vecinos, vienen a hacerse de un dinerito que ayude a complementar sus gastos y además, se divierten en el “juego del hombre”.
Esta liga cuenta con una mejor estructura, incluso, que la Tercera División profesional, con futbolistas de primer nivel, muchos de ellos exprofesionales, incluso de Primera División, entrenadores probados, existosos, aficiones nobles que llenan las gradas de los campos donde se juegan cada 15 días y que tienen en la Liguilla su ansiada recompensa.
Los cuartos de final se disputan de esta manera: El campeón Club 64, que cuenta entre sus filas a varios exvenados de la Primera “A”, como Arturo Aguinaga, y el argentino César Alexenícer, además de elementos yucatecos de gran calidad como José Vargas y Alberto Cruz, se enfrentan a los Tigres de Tekax, que han hecho un buen papel pese a conseguir el ascen a la máxima categoría amateur en esta misma temporada.
Otro de los enfrentamientos tiene como protagonistas a los Gallos de Umán, que se enfrentan al Ixil de los hermanos Orilla, mientras que las ex Chivas de Dzan se enfrentan a Huhí. El duelo más atractivo tiene al líder Homún con los Buhos del Cel, que pese a calificar en octavo tienen buenos elementos para pelearle, además de que su entrenador Christian Dehesa ha hecho un excelente trabajo con los chavos de las reservas.
Mientras que los Leones beisbolistas enfrentan a los Tigres de Quintana Roo, equipo con el que se traía un pique muy especial, y ahora que son vecinos, pues la rivalidad se ha acrecentado, pero esperemos que salgan adelante y consigan un histórico y anhelado bicampeonato.
En fin, la expectativa terminó (no para mí, aún espero que la mujer que quiero me haga caso) y los aficionados tendrán su noche de bodas, su graduación, su primer trabajo y todo lo que han aguardado por algún, o mucho, tiempo en estas postemporadas.
Por eso, entiendo perfectamente a los aficionados a dos deportes de masas, de esos que levantan pasiones y causan peleas, de esos de los que todo Yucatán habla y todos opinan, -villamelones sobran-, de aquellos que ves en la televisión, escuchas en la radio y lees en el periódico, muchas veces todo al mismo tiempo.
En fin, hablo del futbol y el beisbol. Esos deportes que en el Estado son respetados y casi venerados, con equipos profesionales de tradición, en el caso de los Leones beisboleros, y una liga que por décadas ha dado satisfacciones a los seguidores del deporte de las patadas, la Primera Estatal.
Pues bien, el momento más esperado para ambas aficiones llegó: la postemporada. La Liguilla, en el caso de la Primera, y los playoffs, en el caso de la Liga Mexicana de Verano.
Hablemos primero de lo que he vivido: la postemporada de la liga de futbol semiprofesional más importante de la región, donde muchos jugadores de los estados vecinos, y no tan vecinos, vienen a hacerse de un dinerito que ayude a complementar sus gastos y además, se divierten en el “juego del hombre”.
Esta liga cuenta con una mejor estructura, incluso, que la Tercera División profesional, con futbolistas de primer nivel, muchos de ellos exprofesionales, incluso de Primera División, entrenadores probados, existosos, aficiones nobles que llenan las gradas de los campos donde se juegan cada 15 días y que tienen en la Liguilla su ansiada recompensa.
Los cuartos de final se disputan de esta manera: El campeón Club 64, que cuenta entre sus filas a varios exvenados de la Primera “A”, como Arturo Aguinaga, y el argentino César Alexenícer, además de elementos yucatecos de gran calidad como José Vargas y Alberto Cruz, se enfrentan a los Tigres de Tekax, que han hecho un buen papel pese a conseguir el ascen a la máxima categoría amateur en esta misma temporada.
Otro de los enfrentamientos tiene como protagonistas a los Gallos de Umán, que se enfrentan al Ixil de los hermanos Orilla, mientras que las ex Chivas de Dzan se enfrentan a Huhí. El duelo más atractivo tiene al líder Homún con los Buhos del Cel, que pese a calificar en octavo tienen buenos elementos para pelearle, además de que su entrenador Christian Dehesa ha hecho un excelente trabajo con los chavos de las reservas.
Mientras que los Leones beisbolistas enfrentan a los Tigres de Quintana Roo, equipo con el que se traía un pique muy especial, y ahora que son vecinos, pues la rivalidad se ha acrecentado, pero esperemos que salgan adelante y consigan un histórico y anhelado bicampeonato.
En fin, la expectativa terminó (no para mí, aún espero que la mujer que quiero me haga caso) y los aficionados tendrán su noche de bodas, su graduación, su primer trabajo y todo lo que han aguardado por algún, o mucho, tiempo en estas postemporadas.
Los nuevos héroes
Hojas caen, lluvia también. Se acaba el verano, inicia el otoño. Finalizan los amores de playa y comienzan los de escuela. Se aproxima el equinoccio, que es cuando los ovnis visitan Chichén, y los huracanes, Yucatán.
¡Oh, septiembre, mes glorioso! Mes de la Patria que enaltecen sus deportistas (sus héroes están muertos. Todo el mundo habla de Giovanni y nadie de Miguel Hidalgo).
Los futbolistas renuevan el espíritu nacionalista, y nos recuerdan que no es necesario que sea aniversario de la Independencia para sentirnos mexicanos.
Cada partido de la Selección nacional de futbol es una fiesta, una ocasión para reunirse con la familia, con los amigos, con quien tenga uno a la mano, pues a veces se está en el trabajo durante las transmisiones de los juegos.
Como celebramos el hecho de que un jugador nacido en nuestras tierras debute en Europa, lo convertimos en héroe, en ídolo, en salvador. Y nos olvidamos de quienes nos dieron una patria para sentir nuestra, de quienes nos liberaron de la opresión del invasor, del castigo de la Corona, de la Inquisición y de la Colonia.
Si hoy día le preguntamos a un niño quién es José María Morelos dudará y muy probablemente no lo sabrá, pero si le cuestionamos acerca de "Rafa" Márquez, estoy casi seguro que hasta sabe que estuvo casado con Adriana Lavat.
¿Niños Héroes? Claro que los conocen: "Pato" Araujo, Edgar Hernández, Héctor Moreno, Adrián Aldrete, Carlos Vela y, claro, Giovanni Dos Santos. Atrás quedaron Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Juan Escutia, Juan de la Barrera, Vicente Suárez y Francisco Márquez.
Pero la tendencia no aplica sólo al futbol, pues cuando Ana Guevara ganó en la Golden League suplantó a Sor Juana Inés de la Cruz en el gusto popular, Quirino San Cristobal desbancó al "Pípila". Embajadores en Estados Unidos son Vinicio Castilla y Eduardo Nájera, no Arturo Sarukhan.
Pero bueno, celebremos los éxitos deportivos mexicanos en septiembre, en octubre o en marzo, la Independencia en noviembre y el placer de vivir, día con día.
¡Oh, septiembre, mes glorioso! Mes de la Patria que enaltecen sus deportistas (sus héroes están muertos. Todo el mundo habla de Giovanni y nadie de Miguel Hidalgo).
Los futbolistas renuevan el espíritu nacionalista, y nos recuerdan que no es necesario que sea aniversario de la Independencia para sentirnos mexicanos.
Cada partido de la Selección nacional de futbol es una fiesta, una ocasión para reunirse con la familia, con los amigos, con quien tenga uno a la mano, pues a veces se está en el trabajo durante las transmisiones de los juegos.
Como celebramos el hecho de que un jugador nacido en nuestras tierras debute en Europa, lo convertimos en héroe, en ídolo, en salvador. Y nos olvidamos de quienes nos dieron una patria para sentir nuestra, de quienes nos liberaron de la opresión del invasor, del castigo de la Corona, de la Inquisición y de la Colonia.
Si hoy día le preguntamos a un niño quién es José María Morelos dudará y muy probablemente no lo sabrá, pero si le cuestionamos acerca de "Rafa" Márquez, estoy casi seguro que hasta sabe que estuvo casado con Adriana Lavat.
¿Niños Héroes? Claro que los conocen: "Pato" Araujo, Edgar Hernández, Héctor Moreno, Adrián Aldrete, Carlos Vela y, claro, Giovanni Dos Santos. Atrás quedaron Agustín Melgar, Fernando Montes de Oca, Juan Escutia, Juan de la Barrera, Vicente Suárez y Francisco Márquez.
Pero la tendencia no aplica sólo al futbol, pues cuando Ana Guevara ganó en la Golden League suplantó a Sor Juana Inés de la Cruz en el gusto popular, Quirino San Cristobal desbancó al "Pípila". Embajadores en Estados Unidos son Vinicio Castilla y Eduardo Nájera, no Arturo Sarukhan.
Pero bueno, celebremos los éxitos deportivos mexicanos en septiembre, en octubre o en marzo, la Independencia en noviembre y el placer de vivir, día con día.
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