El futbol en México no tiene memoria. ¿Dónde quedó Estados Unidos? Sepultado por el fresco recuerdo de una victoria contra Brasil. ¿Dónde están los que pedían la cabeza de Hugo Sánchez el domingo pasado? En el Angel de la Independencia celebrando un arranque prometedor en la Copa América de Venezuela.
La afición mexicana vive del momento, de lo que pasa en la actualidad con la Selección. Más tarda en reprocharle a un técnico que no haya llevado a tal o cual jugador, que en alabarlo por haber puesto a jugar a otro que, casualmente, tiene un desempeño sobresaliente tras ser críticado por la misma fanaticada.
¿Cuándo serán firmes en sus críticas los aficionados al deporte de las patadas? Son como una veleta que se mueven a donde los lleve el viento de la información en los medios, de lo que diga el reportero, de lo que les cuente el narrador. Si el Perro Bermúdez dice que “Zorba el Potosino” es el jugador que viene a revolucionar al Tri, entonces el aficionado lo cree, pero si Martinolli comenta al aire que Hugo es el peor entrenador del mundo, entonces su juicio se vierte a criticar al Pentapichichi.
Para aspirar a tener una selección de primer mundo debemos ser aficionados de primer mundo, conocer más allá de lo que nos dicen los Marín, los Orvañanos. Saber que el equipo está mal cuando el equipo está mal; reconocer si un jugador nos sirve o si el equipo no sirve; saber alabar el funcionamiento cuando realmente se merece y no cuando los periódicos encabezan con “Baile”, “Brasil se arrodilla ante México” y otros títulos que reflejan el momento pero no la historia.
Nos toca Ecuador, y veremos si realmente somos la potencia que en este momento creemos ser, pues si pudimos vencer fácilmente al Pentacampeón mundial, ¿qué nos va a hacer un cuadro con apenas dos Copas del Mundo jugadas?
Esperemos que la buena vibra que ha regresado al seno de la selección continúe, que nos traigan un título de América, pues cualquier cosa menos que eso ya lo habremos vivido.
Y por cierto, esta nueva esperanza se esta dando sin los europeos, o más bien, sin los lavolpistas. Los lavolpistas se fueron (sólo queda Rafa Márquez y Osvaldo, que no jugó), y no sabemos si eran ellos los que dañaban el grupo y llevaron a México a un fracaso en la Copa Oro. ¿Quién extraña a los “cansados” Pardo, Osorio, Salcido, o al Kikín, a Osvaldo, a Borghetti? Ni quién se acuerde de ellos en este momento. La memoria nos falla, y nos convierte en veletas a merced de los comentaristas.
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